El filo de tu mirada

Me pierdo en la comisura de tus labios,

rojos, pálidos, suaves como terciopelo.

Recorro en vano cada esquina de tu piel,

y en cada tacto me congelo como el hielo.


Tu mirada es punzante como flechas.

Me atraviesa y me desangra con su filo.

Mas no me frena a desearla cada mañana:

me seduce y me retiene con sigilo.


Entro en pánico al escuchar tu voz,

despierta en mí un deseo desconocido.

Mi instinto grita que será mi perdición,

pero me atrae, como a Eva lo prohibido.


No hizo falta que cayera tu atuendo

ni conjuros murmurados al oído;

bastó con ver la silueta de tu cuerpo

para oír cómo crecían mis latidos.


Y aún sabiendo el alto precio de tu abrigo,

y remando contra el río de la razón,

solo Dios ve el fuego antes del incendio;

ya habrá tiempo para pedirme perdón.



David Morilla Sorlí

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