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Lágrimas de tinta

Redacto de puño y letra esta poesía de tristeza, que refleja, como espejo, los sueños de mi cabeza. Hoy estoy desorientado, perdido en un agujero, creo saber lo que busco, mas ignoro lo que anhelo. He de mientras conformarme con desahogar mi penuria, y guardar mientras escribo, mil lágrimas que diluvian. Mientras existan los días, y a la noche el llanto aflore, seguiré escribiendo versos aunque el mundo los ignore. Y si el tiempo me concede algún instante de alivio, las rimas desconsoladas partirán a un breve exilio. Mas si el río sigue su curso, y esta pena se demora, mi alma quedará en tinta, mi cuerpo sabrá su hora. David Morilla Sorlí

Lejos de mi

Día juntos. Noche larga. Ojos ciegos. Cara amarga. La distancia. El camino. Tan confuso. Tanto hastío. Te levantas. Me despierto. Tú en silencio. Me lamento. No recuerdas. Día nuevo. Tú prosigues. Yo me pierdo. David Morilla Sorlí

Amor en silencio

Hoy te he visto nuevamente en esta mundana noche, con esa mirada tuya y esa risa sin reproches. Hemos cantado y bailado, reído, incluso gritado. Ojalá te dieses cuenta que te quiero aquí a mi lado. A veces solo imagino contarte lo que yo siento; mas no puedo darte mi mano, mi amor se lo lleva el viento. Deseo que ya pronto encuentres a quien brindarle tu suerte, y así arranques de mi pecho, cruel pero sin despecho, estos deseos de verte, y estas mohínas poesías, que nacen de no tenerte. David Morilla Sorlí

Lorenzo y Catalina

Una noche fría de enero, como glaciar de la Antártida. Larga noche, casi eterna, gélida y enigmática. Nadie se atreve a salir; la bruma apaga las luces. Solo un audaz caminante se aventura por los cruces. Y tras cuatro horas afuera, tres sumido en la penumbra, halló aquel valiente errante dos fulgores que lo alumbran. Uno asoma desde occidente, redondo, ligero y tenue; el otro nace en oriente, con un resplandor ardiente. «Son Lorenzo y Catalina» nombres del Sol y la Luna. Y en cualquier noche de invierno, al alba, belleza pura. David Morilla Sorlí

El filo de tu mirada

Me pierdo en la comisura de tus labios, rojos, pálidos, suaves como terciopelo. Recorro en vano cada esquina de tu piel, y en cada tacto me congelo como el hielo. Tu mirada es punzante como flechas. Me atraviesa y me desangra con su filo. Mas no me frena a desearla cada mañana: me seduce y me retiene con sigilo. Entro en pánico al escuchar tu voz, despierta en mí un deseo desconocido. Mi instinto grita que será mi perdición, pero me atrae, como a Eva lo prohibido. No hizo falta que cayera tu atuendo ni conjuros murmurados al oído; bastó con ver la silueta de tu cuerpo para oír cómo crecían mis latidos. Y aún sabiendo el alto precio de tu abrigo, y remando contra el río de la razón, solo Dios ve el fuego antes del incendio; ya habrá tiempo para pedirme perdón. David Morilla Sorlí

Cuando llega mayo...

Primavera de flores fragantes se cubre la plaza de rosas, y entre la gente que anda cantan ya las mariposas. Tras un marzo de brisa alegre y un abril de lluvia intensa, por fin ha llegado mayo con esa hermosura inmensa. Ya se escuchan los clamores de padres e hijos jugando. En los parques encendidos mil risas van aflorando. Pronto llegará el verano con su calor sofocante; aprovecha ahora la gente el tiempo de gran talante. ¡Ya llegó la primavera! Cielos de azul soleados, gozan jóvenes y ancianos de un buen vino de mercado. ¡Ya llegó la primavera! Surge el amor a raudales  Y cuando asome febrero... ¡más niños por los portales! David Morilla Sorlí

El viento susurra tu nombre

Cae la noche, susurra el viento tu nombre, y se cuela entre rendijas de mi ventana; me recuerda a tu voz de madrugada, o a mis suspiros cuando sentía tu roce. Cae la noche y se derraman tus palabras, me recorren angustiadas por el cuerpo; tu risa ahora es como arena de desierto, arena ardiente, que infiltra mis entrañas. No hay un día que no extrañe tus caricias, ni una noche que no sienta tu dolor. Sé que mañana despertaré sin noticias, que sentiré el vacío de nuestra cama y que dormiré sin el consuelo de tu amor. David Morilla Sorlí

También giran las agujas del reloj

También giran las agujas del reloj Pero he aprendido a no escuchar su tic-tac Camino con el alma en el presente Hace tiempo dejé de mirar atrás. Las flores huelen distinto en primavera Pero sé que nada es para siempre igual Las observo, admiro su nueva belleza Soy afortunada, vivo otra oportunidad. Aprendí a soltar aquello que hace daño No llevo moño, deje ir lo que me apretaba Aunque a veces seco mis ojos con un paño pues no siempre logro olvidar tu mirada. Aún viven las palabras que cantabas Las guardo con cariño en un baúl  Pero es mejor que duerman, olvidadas No quiero que se vuelvan mi ataúd. Ahora sé que quien ama también suelta que no es buen amor aquel que lastima El tiempo ya no es jaula, es la respuesta Déjame ir, yo ya he doblado tu esquina... David Morilla Sorlí 

Agujas del reloj

Dan vueltas las agujas del reloj se escucha el tic-tac fiel cada segundo, me recuerda a esos pasos de tacón que clavaste hondo en mi corazón difunto. Caen las hojas desnudas del otoño, fluye el agua de ese río de montaña, ahora llevas pelo suelto en vez de moño, yo sigo siendo el mismo loco que te extraña. Cumplo años, misma casa, misma ropa. Tú casada, viendo mundo, exitosa. Me pregunto si alguna vez te equivocas o solo yo cargo esta pena silenciosa. Cantan los pájaros pero no suenan igual, sale el sol pero el brillo no es el mismo, tú te fuiste, sin despedida, casual, lentamente voy cayendo en el abismo. Dan vueltas las agujas del reloj se escucha el tic-tac fiel cada segundo, me consumo poco a poco en mi dolor, el tiempo pesa, me condena... moribundo.  David Morilla Sorlí

Lluvia de verano

Extraño y complejo el amor, no me atrevo ni a entenderlo. Es un nudo en la garganta, un fuerte peso en el pecho. Como lluvia de verano, como invierno soleado, como luz en la penumbra, como caricia a tu lado. Es esa sonrisa tonta  mueca eterna de mi rostro  que se resiste a marcharse como el sol en pleno agosto. El pincel para un artista, me apiado del ignorante, te alza, te da un respiro del día a día constante. Son olas de la mar brava, rompiendo contra la orilla que traen de nuevo la calma, y bajo tu piel se arrodillan. Piénsalo, mi buen amigo, no debe ser enemigo. Pan y vino, algo sencillo. Un poema, el amor; un destino. David Morilla Sorlí

Revelación nocturna

Es verdad que yo lo intento, pero me vence el momento. Cuando estoy junto a tu vera, olvido todo lamento. Es triste… aún no he llorado, si es que aún no lo comprendo: ¿cuándo fue que este humano se vio así… enamorado? No fue ni un acto ni un gesto, solo un sueño, un solo instante, cuando de pronto caí en un tormento constante. El subconsciente es maldito, idealiza y se deleita; pero aquel sueño espontáneo es obsesión, ya certeza. Un deseo… dolor de Dante, «si lo ves, todo lo sabes» torna en pesadilla errante, y, sin embargo, aun así, difícil no desearte. David Morilla Sorlí

Secretos que ni yo sé

Es tranquilo y cauteloso, camina por el andén, sus pasos no dejan huella, pasa una y otra vez. Además es divertido, si quiere saca su humor, preciso y meticuloso, la ironía es su color. De traje viste sereno, Por sombrero, autocontrol. Y termina con zapatos, diestro afán, zurdo pasión. Una flor en primavera, si lo entiendes, supondré. Una tormenta invernal, siempre que no lo ves. Es confuso, ambivalente ni él mismo lo sabe bien. Ten cuidado si lo quieres, secretos que ni yo sé... David Morilla Sorlí

Combate perdido

No sé si soy quien mal piensa y deja sueltas las riendas de una mente obsesionada en querer y ser amada. Despistas mis sentimientos con palabras y momentos; luego te vuelves distante, dejándome solo, en trance. Aléjate si es preciso, lo pido sin compromiso; porque esta intermitencia arde como penitencia. Aun así sigo esperando un gesto que me confirme si he permanecido firme o de nuevo me he extraviado. Juro que este deseo mío es combate, es desafío; y aunque todavía confío, sé que nace ya perdido. Siempre has dejado bien claro que a ti no te es posible amar a un hombre sensible ni escribir nuestro legado. De mi mente he de arrancarte, seré preciso, renunciarte; pues prefiero ser tu amigo que borrarnos al amarte. David Morilla Sorlí

Sumisión a lo efímero

 Huele a tierra, hay tormenta, llora el cielo: se ha perdido. En su interior se lamenta, a la presión se ha vendido. Una sociedad violenta, lo inmediato es bendecido; muchedumbre satisfecha, a la opinión, sometido. Ahora dice: «experimenta», el tiempo es breve y medido; una piel que no recuerda, un nombre desconocido. Sin saber, solo aparenta, por dentro ya consumido. David Morilla Sorlí

Señales de un amor inexistente

Está confundida la Mar, pues cree que ama a la Luna. Sale de noche a bailar, se viste de blanco espuma. En la noche la siente cerca, cree que ella le susurra. La Mar tiene mente terca, pero un alma limpia y pura. Amanece con dulzura, y la Luna se disipa, la Mar queda triste, inerte, su ilusión se precipita. El Sol la alumbra de frente, borra sombras y quimeras, y hace que la Mar despierte de promesas pasajeras. Sabe que es algo complejo, pero al fin la Mar comprende que amaba solo un reflejo y de ese amor se desprende. Y cuando la noche vuelve y la Luna al fin regresa, la Mar ya no se estremece: sonríe, pero no reza. (Ahora es el Sol quien la llena, cree que por fin lo ha encontrado, sin darse cuenta la Mar, que otro reflejo ha abrazado...) David Morilla Sorlí