Señales de un amor inexistente
Está confundida la Mar,
pues cree que ama a la Luna.
Sale de noche a bailar,
se viste de blanco espuma.
En la noche la siente cerca,
cree que ella le susurra.
La Mar tiene mente terca,
pero un alma limpia y pura.
Amanece con dulzura,
y la Luna se disipa,
la Mar queda triste, inerte,
su ilusión se precipita.
El Sol la alumbra de frente,
borra sombras y quimeras,
y hace que la Mar despierte
de promesas pasajeras.
Sabe que es algo complejo,
pero al fin la Mar comprende
que amaba solo un reflejo
y de ese amor se desprende.
Y cuando la noche vuelve
y la Luna al fin regresa,
la Mar ya no se estremece:
sonríe, pero no reza.
(Ahora es el Sol quien la llena,
cree que por fin lo ha encontrado,
sin darse cuenta la Mar,
que otro reflejo ha abrazado...)
David Morilla Sorlí
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