Duele, luego existo

 Tras meses de indiferencia,

de estancamiento y paciencia,

de no sentir desenfreno,

ni odio, ni amor, ni duelo,

ni sentirme mal, ni pena,

ni tener sangre en las venas,

felicidad que me alegre,

o éxtasis que me ciegue,

me doy cuenta, al fin humano;

que el dolor es un hermano,

y que es peor que una herida,

no sentir: condena en vida.


David Morilla Sorlí

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