Reflexión

Parece extraño, pero no lo es. A menudo me pregunto si he nacido para vivir ese cuento de princesas en el que todo sucede de manera perfecta y ordenada. Hace ya tiempo que me cuestiono si ese es mi destino. Creo que no, aunque quizá sean solo elucubraciones derivadas de las malas experiencias que he tenido a lo largo de mi vida.

¿Será posible encontrar a esa persona que no tenga reparos en amarme? ¿Soy tan exigente que no soy capaz de aceptar lo que la vida me ofrece día a día?

No soy una persona exquisita, pero tampoco pido demasiado. Quiero algo orgánico, espontáneo, que no esté forzado ni condicionado por convenciones sociales o morales. Quiero poder querer y que ese sentimiento sea recíproco.

No quiero tener que sobrepensarlo todo, ni vivir añorando la certeza de ser el correcto, de estar a la altura de lo que se espera de mí. Quiero dejar de cuestionarme si merezco que me quieran y poder sentir, sin dudas ni artificios, que alguien me elige por lo que soy, no por lo que debería ser.

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