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Combate perdido

No sé si soy quien mal piensa y deja sueltas las riendas de una mente obsesionada en querer y ser amada. Despistas mis sentimientos con palabras y momentos; luego te vuelves distante, dejándome solo, en trance. Aléjate si es preciso, lo pido sin compromiso; porque esta intermitencia arde como penitencia. Aun así sigo esperando un gesto que me confirme si he permanecido firme o de nuevo me he extraviado. Juro que este deseo mío es combate, es desafío; y aunque todavía confío, sé que nace ya perdido. Siempre has dejado bien claro que a ti no te es posible amar a un hombre sensible ni escribir nuestro legado. De mi mente he de arrancarte, seré preciso, renunciarte; pues prefiero ser tu amigo que borrarnos al amarte. David Morilla Sorlí

Sumisión a lo efímero

 Huele a tierra, hay tormenta, llora el cielo: se ha perdido. En su interior se lamenta, a la presión se ha vendido. Una sociedad violenta, lo inmediato es bendecido; muchedumbre satisfecha, a la opinión, sometido. Ahora dice: «experimenta», el tiempo es breve y medido; una piel que no recuerda, un nombre desconocido. Sin saber, solo aparenta, por dentro ya consumido. David Morilla Sorlí

Señales de un amor inexistente

Está confundida la Mar, pues cree que ama a la Luna. Sale de noche a bailar, se viste de blanco espuma. En la noche la siente cerca, cree que ella le susurra. La Mar tiene mente terca, pero un alma limpia y pura. Amanece con dulzura, y la Luna se disipa, la Mar queda triste, inerte, su ilusión se precipita. El Sol la alumbra de frente, borra sombras y quimeras, y hace que la Mar despierte de promesas pasajeras. Sabe que es algo complejo, pero al fin la Mar comprende que amaba solo un reflejo y de ese amor se desprende. Y cuando la noche vuelve y la Luna al fin regresa, la Mar ya no se estremece: sonríe, pero no reza. (Ahora es el Sol quien la llena, cree que por fin lo ha encontrado, sin darse cuenta la Mar, que otro reflejo ha abrazado...) David Morilla Sorlí

Irme es amarme

 Tus palabras se escuchan cercanas, pero no son las que ansío, tus besos escriben “te quiero”, pero tus labios guardan frío. La noche termina en silencio, en su sombra, estoy vacío. La luz entra sin permiso, y todo sigue, fui testigo. Amanece con rocío, se desprende de mis ojos. No me quiero marchar ya, quiero verte en tu reposo. Pero debo protegerme, elijo no despedirme  y me alejo silencioso... David Morilla Sorlí

Duele, luego existo

 Tras meses de indiferencia, de estancamiento y paciencia, de no sentir desenfreno, ni odio, ni amor, ni duelo, ni sentirme mal, ni pena, ni tener sangre en las venas, felicidad que me alegre, o éxtasis que me ciegue, me doy cuenta, al fin humano; que el dolor es un hermano, y que es peor que una herida, no sentir: condena en vida. David Morilla Sorlí

Negación

Me niego a desvelarte lo que siento, por tu cuerpo, por tu pelo, por tu amor, por tu consuelo, y por tus labios carmesí. Así deambulo en cada esquina, deseando con inquina que quien ahora te tenía muera al fin. Y sé que no debería, es malicia, es injusticia. Desear la muerte a nadie: algo ruin. Pero este fuego que siento, y que me consume muy lento, solo una vez lo he sentido, y solo ha sido por ti . David Morilla Sorlí

Insomnio

Encuentro refugio en el insomnio, en el negarme a descansar pues cuando decido reposar  me aparecen los demonios. Me gritan y me atormentan como a un barco en la marea que de lado a lado menea durante plena tormenta. Y no son demonios reales, sino recuerdos olvidados  de aquel tiempo del pasado en qué nos fuimos leales. David Morilla Sorlí