Casi

Un día te levantas y te das cuenta de que ya no eres ese niño dulce y travieso al que le encantaba jugar con hormigas en los patios, ir a los columpios o intercambiar cromos de fútbol con sus amigos. Eres adulto, pero dentro de ti sabes que siempre seguirás siendo ese niño, con esa inocencia casi intacta de pensar que todo el mundo es, en el fondo, una buena persona.

Y tienes tu grupo de amigos, ese que has ido tejiendo durante los años de tu tardía adolescencia y tu adultez primeriza, y por fin te sientes como uno más de ellos. Crees que has encontrado aquello que te fue negado de pequeño, probablemente no por malicia, sino porque nunca habías conseguido encajar del todo en ningún lugar.

Le caías bien a todos, pero no eras amigo de nadie.

Probablemente porque ni siquiera tú habrías sido tu amigo, porque sabías que dentro de ti había algo que no terminaba de encajar, algo que te hacía sentir distinto, desplazado, sin saber muy bien qué era. Quizá era tu manera de ser, o de expresarte; o quizá simplemente habitabas una sensibilidad distinta, más honda que la de los niños de tu edad, que te hacía sentir con más intensidad, dolerte más por actos de otros niños que aún no sabían lo que hacían.

Pero ya no es como antes.

Por fin has encontrado a esa gente con la que puedes ser tú mismo, con la que no sientes vergüenza al expresarte y en la que depositas tu confianza sin reservas. Parece casi demasiado perfecto, casi irreal.

Y entonces, de pronto, aquellos amigos en los que confiabas dejan caer alguna palabra que, aun sin saberlo, desgarra una herida muy profunda que creías ya cicatrizada.

Y no eres capaz de decir nada, porque sabes que no lo han hecho a propósito.

Todos ríen. Te dicen que no te lo tomes tan a pecho.

Y tú sonríes.

Pero no eres tú quien duele.

Es ese niño.

Ese niño que nunca se sintió parte de nada.

El que ya había aprendido a no esperar amigos de verdad.

El que, cuando por fin creyó haberlos encontrado, entiende de golpe que quizá nunca podrá ser uno más.

Que podrá caminar acompañado, sí, compartir el trayecto que es la vida.

Pero no pertenecer.

No del todo.

Nunca del todo.



David.

Comentarios