Echo de menos
Echo de menos aquellas tardes de verano, sentados en la terraza, con mi nestea y tu coca cola, mientras el mundo parecía rendirse en silencio ante la belleza del lejano atardecer. Había algo en esa luz que nos envolvía, como si el tiempo se diluyera sin hacer ruido. Sin que lo supieras, a menudo dejaba de admirar el cielo para perderme navegando en tus ojos color café; en ellos no solo se reflejaba el ocaso, sino también el mapa secreto de tus pasiones y tus metas. Y allí, en esa admiración, encontraba una paz que pocas veces ha vuelto a habitarme.
Echo de menos aquellos mensajes inesperados, esos en los que me decías que te escaparías del trabajo para robarle unos minutos al día y regalármelos a mí.
Comer contigo era un pequeño caos: decías que no sabías hacerlo, y siempre terminabas manchándote los labios. A mí me gustaba pensar que lo hacías a propósito, solo para darme la excusa perfecta de limpiártelos con un beso, como quien recoge un instante para que no se pierda.
Recuerdo también aquellas noches tumbados sobre la arena, cuando el cielo se abría infinito sobre nosotros y las estrellas nos iluminaban como a dos cisnes perdidos en un lago sin orillas. Echo de menos cuando inventabas constelaciones solo para hacerme reír, y cuando, de pronto, el silencio nos encontraba… y te quedabas mirándome fijamente, como si el mundo se hubiese detenido en ese preciso latido. En tu mirada cabía todo: el calor de las estrellas, la calma del universo, y algo más que nunca supe nombrar.
En definitiva, echo de menos tu olor, tu sonrisa, tus caricias y tu voz… esa voz que nunca escuché decir mi nombre, porque nunca tuve el valor de confesar lo que mi corazón guardaba. Solo me quedó soñar contigo, atrapando estos instantes que enumero y que se desvanecen en el tiempo, imaginar como tus manos rozaban las mías, y sentir que, aunque solo en mi memoria, todavía puedo escuchar tu risa y perderme en tus ojos color café, como si el tiempo se hubiese detenido solo para nosotros en ese mundo que nunca llegó a ser y que tampoco soy capaz de dejar ir.
David.
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